Libertad: una suela delgada y flexible

Libertad: una suela delgada y flexible

Santiago Torreblanca

Movimiento natural desde el suelo

La forma en que caminamos no empieza en las rodillas ni en las caderas: empieza en nuestros pies. Una suela flexible y delgada permite que tu marcha sea completa, respetando las tres etapas naturales de cada paso: contacto inicial, fase de soporte y fase propulsiva.

Cuando la suela es demasiado gruesa o rígida, los dedos no pueden doblarse en la última etapa. El resultado: en lugar de impulsarte de forma natural, terminas caminando como si marcharas o arrastrando los pies.


El problema de la rigidez

Las suelas anchas y rígidas crean tensión en la planta del pie. A largo plazo, esto limita tu movilidad y, cuando eres mayor, puede derivar en lo que muchos llaman “caminar como viejito”: pasos cortos, sin impulso y con poca estabilidad.


Hábitos que deforman la marcha

Otro efecto de las suelas rígidas es que los metatarsos del dedo gordo se vuelven menos móviles por falta de uso. Si no puedes impulsarte doblando el dedo gordo, tu cuerpo busca una alternativa… y muchas veces termina girando los pies hacia afuera caminando como patos. Este hábito, aunque parezca inofensivo, puede alterar tu alineación y generar sobrecarga en otras articulaciones.


Más libertad, más fuerza

Con una suela flexible y delgada, tu pie puede adaptarse al terreno, activar sus músculos y recuperar la movilidad que las suelas rígidas le quitan. El resultado es un caminar más natural, estable y eficiente… hoy y en el futuro.

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